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¿Y si no es falta de motivación? Cuando el miedo al futuro se disfraza de "pereza"

Autor: MARTIN MALFESI , (17 vista)
Autoidentificación, Temores y fobias, Sentido de la vida, Motivación., Depresión, Autoestima, Coaching
¿Y si no es falta de motivación? Cuando el miedo al futuro se disfraza de "pereza"

"A veces creemos que hemos perdido las ganas de vivir ciertos proyectos. En realidad, lo que hemos perdido es la sensación de seguridad para volver a intentarlo."

¿Y si no es falta de motivación? Cuando el miedo al futuro se disfraza de "pereza"

"A veces creemos que hemos perdido las ganas de vivir ciertos proyectos. En realidad, lo que hemos perdido es la sensación de seguridad para volver a intentarlo."

Hace algunas semanas acompañé a una paciente (cuyos datos han sido modificados para preservar completamente su identidad) que llegó a consulta convencida de que se estaba volviendo una persona "vaga".

Había atravesado un año especialmente difícil. Una enfermedad importante había ocupado gran parte de su energía física y emocional. Meses de incertidumbre, estudios médicos y espera dejaron una huella que ella todavía no terminaba de comprender.

Durante la sesión me contó algo que, en apariencia, parecía una buena noticia.

Había recibido una propuesta laboral muy interesante.

Le entusiasmaba.

Sin embargo, había algo que no lograba entender.

"Antes ya estaría buscando libros, organizando carpetas y empezando a trabajar. Ahora no hago nada... creo que me estoy volviendo perezosa."

Como ocurre muchas veces en terapia, aquello que parecía el problema terminó siendo solamente la punta del iceberg.

 

¿Realmente era pereza?

Comenzamos a explorar qué significado tenía para ella ese cambio.

Poco a poco apareció una idea diferente.

No era que hubiera perdido capacidad.

Tampoco había perdido interés.

Lo que había cambiado era su relación con el esfuerzo.

Después de haber atravesado un proceso médico tan desgastante, había aprendido casi sin darse cuenta que su energía era un recurso limitado.

Su mente había construido una regla muy clara:

"Si existe la posibilidad de que este proyecto termine agotándome o salga mal, mejor no empiezo."

Ese pensamiento aparecía de manera automática.

No era una decisión consciente.

Era un intento del cerebro por protegerla de volver a sufrir.

 

Cuando la ansiedad empieza a vivir en el futuro

Mientras avanzábamos en la sesión apareció otro tema.

Le pedí que imaginara cómo se veía dentro de diez años.

Su respuesta fue inmediata.

No imaginó proyectos.

No imaginó personas.

No imaginó objetivos.

Solo apareció una imagen.

"Me veo envejeciendo... y eso me produce terror."

Aquella palabra llamó mi atención.

No dijo preocupación.

No dijo incertidumbre.

Dijo terror.

Y entonces comprendimos algo importante.

Su ansiedad ya no estaba centrada únicamente en el trabajo.

Vivía permanentemente anticipando escenarios futuros que todavía no habían ocurrido.

 

El verdadero problema no era el futuro

Desde la Terapia Cognitivo-Conductual sabemos que las personas no sufrimos únicamente por los acontecimientos.

Sufrimos por la interpretación que hacemos de ellos.

En este caso aparecían varios pensamientos automáticos:

  • "Voy a volver a agotarme." 
  • "No tengo la energía suficiente." 
  • "Seguro terminará saliendo mal." 
  • "Es mejor no empezar." 
  • "Envejecer será terrible." 

Ninguno era un hecho.

Todos eran anticipaciones.

Y cada una de ellas generaba ansiedad.

La ansiedad llevaba a evitar.

La evitación impedía comprobar que quizás esas predicciones no eran ciertas.

Y así el círculo volvía a comenzar.

 

El cambio de enfoque

Durante la sesión comenzamos a construir una mirada diferente.

En lugar de pensar:

"Tengo menos energía."

Empezamos a plantear:

"Quizás hoy necesito aprender a administrar mi energía de una manera distinta."

No era una pérdida.

Era una adaptación.

Tampoco se trataba de lanzarse nuevamente al cien por ciento.

Se trataba de avanzar paso a paso.

Con objetivos pequeños.

Sin exigirle al presente resolver un futuro que todavía no existe.

 

Objetivos terapéuticos que definimos

Al finalizar la sesión acordamos trabajar sobre varios ejes concretos:

  • Identificar y registrar los pensamientos automáticos que aparecen antes de abandonar una tarea. 
  • Reducir y/o cuestionar la tendencia a anticipar resultados negativos sin evidencia confrontando con técnicas vistas en la sesión éstos PA.
  • Aprender nuevas estrategias para gestionar la energía sin caer en la evitación con un plan de abordaje hecho a medida.
  • Fundamental: diferenciar hechos de interpretaciones. 
  • Evaluar clínicamente la evolución de ansiedad y estado de ánimo mediante escalas estandarizadas que deberá completar entre sesiones. 
  • En las próximas sesiones, trabajaremos en diseñar objetivos vitales realistas y alineados con sus valores personales. 

 

Una reflexión final

Muchas personas llegan a terapia convencidas de que el problema es la falta de motivación.

Sin embargo, detrás de esa aparente desmotivación suele esconderse algo mucho más profundo: miedo, agotamiento, experiencias difíciles no elaboradas o una mente que intenta protegernos anticipando constantemente el peor escenario posible y un montón de posibles creencias, reglas, pensamientos, significados y esquemas mentales.

La buena noticia es que esos patrones pueden comprenderse y modificarse.

No se trata de obligarse a pensar en positivo.

Se trata de aprender a observar nuestros pensamientos, cuestionarlos y actuar de una manera diferente, incluso cuando la incertidumbre sigue estando presente.

Porque, al fin y al cabo, el objetivo no es eliminar la incertidumbre —eso sería imposible— ya que la vida siempre nos presenta incertidumbre, sino de lo que se trata, es de aprender a dejar de vivir como si el peor desenlace ya hubiera ocurrido.