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NOOSÍNTESIS

NOOSÍNTESIS

COMPRENDER, INTEGRAR, TRANSFORMAR

 

EL DÍA EN QUE NECESITÉ UNA PALABRA

 

El nacimiento de la NOOSÍNTESIS

 

No recuerdo exactamente el día en que nació la palabra.

Recuerdo, sin embargo, el momento en que comprendí que necesitaba encontrarla.

Y quizá exista una diferencia profunda entre ambas cosas.

Las palabras no siempre nacen cuando las pronunciamos por primera vez. Algunas comienzan a existir mucho antes, silenciosamente, cuando una pregunta se instala dentro de nosotros y se niega a desaparecer. Primero aparece la inquietud. Después la observación. Más tarde la necesidad de comprender. Luego viene la búsqueda. Y solamente cuando todo aquello que hemos pensado, leído, experimentado y sentido encuentra una forma suficientemente precisa, aparece la palabra.

Así ocurrió conmigo.

Durante años observé al ser humano frente a mí.

Lo observé llegar con una historia.

A veces con una historia que podía contar.

A veces con una historia que apenas podía recordar.

A veces con una historia que no quería contar.

Y algunas veces con una historia que, aunque quisiera contarla, no encontraba palabras suficientes para hacerlo.

Vi personas llegar cargando acontecimientos que habían ocurrido hacía muchos años y que, sin embargo, parecían haber ocurrido aquella misma mañana.

Vi cómo una frase pronunciada durante la infancia podía permanecer escondida durante décadas y aparecer nuevamente en la vida adulta como una convicción.

Vi cómo una pérdida podía convertirse en tristeza, pero también en culpa.

Vi cómo un fracaso podía transformarse en aprendizaje o, por el contrario, convertirse en una sentencia permanente.

Vi cómo una persona podía recibir amor y aun así sentirse no merecedora de él.

Vi cómo alguien podía ser reconocido por los demás y continuar sintiéndose invisible.

Vi cómo determinadas personas parecían vivir dentro de acontecimientos que ya habían terminado.

Y entonces comencé a preguntarme:

¿Qué ocurre dentro de nosotros para que aquello que sucedió una vez pueda continuar viviendo tantos años después?

La pregunta parecía sencilla.

No lo era.

 

 

I. NO SOMOS SOLAMENTE LO QUE NOS SUCEDE

 

Con el tiempo comprendí que el ser humano no puede explicarse únicamente a partir de aquello que le ocurre.

Somos también aquello que hacemos con lo que nos ocurre.

Esta afirmación comenzó a acompañarme como una especie de brújula.

No porque creyera que una persona puede elegir todas las circunstancias de su vida.

Nunca he pensado eso.

Hay acontecimientos que nadie elige.

Hay pérdidas que llegan sin pedir permiso.

Hay enfermedades.

Hay accidentes.

Hay despedidas.

Hay traiciones.

Hay abandonos.

Hay injusticias.

Hay momentos en los que la vida parece tomar una dirección que jamás habíamos imaginado.

No elegimos todo lo que sucede.

Pero existe un espacio, muchas veces pequeño y difícil de encontrar, entre el acontecimiento y nuestra respuesta.

En ese espacio ocurre algo extraordinario.

Interpretamos.

Recordamos.

Sentimos.

Comparamos.

Anticipamos.

Preguntamos.

Decidimos.

Y, poco a poco, construimos significado.

Fue entonces cuando comencé a mirar de otra manera aquello que durante mucho tiempo había entendido simplemente como pensamiento, emoción, memoria o conducta.

Empecé a preguntarme si detrás de todos esos procesos existía una dinámica integradora.

Algo que reuniera piezas que normalmente estudiamos por separado.

La emoción.

La memoria.

La percepción.

La experiencia.

El pensamiento.

La identidad.

Los valores.

Las expectativas.

El propósito.

El lenguaje.

La conducta.

No como elementos aislados.

Sino como partes de una misma historia.

 

 

II. LA HISTORIA QUE CADA PERSONA SE CUENTA

 

Con los años aprendí que una persona no solamente vive una vida.

También se cuenta una historia acerca de esa vida.

Y esa historia puede convertirse en una de las fuerzas más poderosas de su existencia.

Hay personas que dicen:

"Mi vida fue difícil, pero aprendí."

Otras dicen:

"Mi vida fue difícil y por eso nunca podré ser feliz."

Hay quien recuerda su pasado como una escuela.

Hay quien lo recuerda como una prisión.

Hay quien mira sus heridas y encuentra cicatrices.

Hay quien mira las mismas heridas y solamente encuentra una explicación para continuar sufriendo.

Entonces comprendí que la memoria no vive solamente en el pasado.

La memoria participa en el presente.

Y cuando la memoria se encuentra con la emoción, con nuestras creencias y con nuestra identidad, puede comenzar a construir una interpretación de nosotros mismos.

Así nació otra pregunta:

¿Cómo pasamos de recordar algo a convertirlo en parte de lo que creemos que somos?

La respuesta no podía encontrarse únicamente en una disciplina.

Necesitaba mirar hacia la psicología.

Pero también hacia la neurociencia.

Hacia la filosofía.

Hacia el lenguaje.

Hacia la educación.

Hacia la experiencia cotidiana.

Y, sobre todo, hacia el ser humano.

 

 

III. EL CEREBRO QUE CUENTA HISTORIAS

 

Cada vez que pensaba en estas cuestiones aparecía inevitablemente el cerebro.

Ese órgano extraordinario que llevamos dentro del cráneo y que, paradójicamente, utilizamos para intentar comprendernos a nosotros mismos.

Pensé en la enorme cantidad de información que procesamos.

En todo aquello que percibimos sin darnos cuenta.

En aquello que recordamos.

En aquello que olvidamos.

En nuestras asociaciones.

En nuestros aprendizajes.

En nuestras emociones.

En nuestras anticipaciones.

En nuestras decisiones.

Pensé en cómo una experiencia modifica nuestra manera de mirar una experiencia posterior.

Pensé en cómo el miedo puede enseñarnos a detectar amenazas.

En cómo el afecto puede enseñarnos seguridad.

En cómo el aprendizaje puede modificar nuestras respuestas.

En cómo una experiencia repetida puede convertirse en patrón.

Y pensé también en algo que me parecía fascinante:

el cerebro no solamente nos permite reaccionar ante el mundo.

Nos permite construir una representación del mundo.

Y dentro de esa representación también construimos una representación de nosotros mismos.

Yo.

Mi historia.

Mi cuerpo.

Mis recuerdos.

Mis relaciones.

Mis pérdidas.

Mis capacidades.

Mis limitaciones.

Mis deseos.

Mis temores.

Mis posibilidades.

Mi futuro.

Todo aquello comienza a formar una arquitectura interior.

Y entonces la pregunta dejó de ser únicamente:

¿Qué hace el cerebro?

Comenzó a ser:

¿Cómo integra el cerebro aquello que vivimos para construir significado?

 

 

IV. LA PALABRA QUE TODAVÍA NO EXISTÍA

 

Durante mucho tiempo intenté responder utilizando palabras que ya existían.

Hablé de pensamiento.

Hablé de cognición.

Hablé de interpretación.

Hablé de memoria.

Hablé de conciencia.

Hablé de aprendizaje.

Hablé de sentido.

Hablé de experiencia.

Todas eran correctas.

Pero ninguna parecía abarcar exactamente aquello que quería señalar.

Me faltaba una palabra.

No porque el idioma fuera insuficiente.

Sino porque mi pregunta había comenzado a ocupar un espacio intermedio entre varios conceptos.

No quería nombrar solamente el pensamiento.

No quería nombrar solamente la conciencia.

No quería nombrar solamente la memoria.

Quería nombrar la integración.

La manera en que diferentes elementos de nuestra vida interior se encuentran y comienzan a formar una interpretación.

Necesitaba una palabra que pudiera expresar:

"Estoy tomando todo esto que he vivido, todo esto que siento, todo esto que recuerdo, todo esto que creo y todo aquello que espero, y estoy intentando construir una comprensión de lo que significa para mí."

Y entonces apareció una posibilidad.

NOOSÍNTESIS.

La pronuncié.

Y algo hizo clic.

No fue una explosión.

No hubo un instante cinematográfico.

Fue algo mucho más silencioso.

Una sensación de reconocimiento.

Como cuando encontramos una pieza de rompecabezas y descubrimos que llevaba mucho tiempo esperando exactamente ese lugar.

 

 

V. NOOSÍNTESIS

 

NOOSÍNTESIS.

La palabra me llevó inmediatamente hacia el griego.

Nóos.

Mente.

Entendimiento.

Percepción.

Intención.

Comprensión.

Y después:

Síntesis.

Reunir.

Integrar.

Componer.

Unir elementos.

Entonces comprendí que la palabra contenía justamente aquello que llevaba tiempo buscando.

NOOSÍNTESIS.

La integración de aquello que sucede dentro de nosotros para construir una comprensión que pueda orientar nuestra manera de vivir.

No pretendí que la palabra resolviera el misterio.

Quería que ayudara a formularlo.

Quería poder decir:

"Estoy noosintetizando."

Es decir:

Estoy integrando.

Estoy comprendiendo.

Estoy reorganizando.

Estoy construyendo significado.

Estoy tratando de descubrir qué hago con aquello que me ha sucedido.

Y, de repente, una palabra podía convertirse en una pregunta.

 

 

VI. EL DOLOR TAMBIÉN NECESITA SER INTEGRADO

 

Una de las cosas que más profundamente he comprendido es que no podemos hablar de transformación humana sin hablar del dolor.

No todo puede convertirse inmediatamente en aprendizaje.

Hay heridas que necesitan tiempo.

Hay duelos que no deben apresurarse.

Hay pérdidas que primero necesitan ser lloradas antes de poder ser comprendidas.

Hay acontecimientos que, cuando suceden, simplemente duelen.

Y creo que la psicología pierde humanidad cuando intenta apresurarse a explicar el sufrimiento antes de permitir que la persona lo experimente.

Por eso no quiero que la NOOSÍNTESIS se convierta en una nueva manera de decirle a alguien:

"Busca el lado positivo."

No.

Quiero algo mucho más profundo.

Quiero que podamos decir:

"Permítete integrar lo que ocurrió."

A veces integrar significará comprender.

A veces aceptar.

A veces recordar sin destruirnos.

A veces establecer límites.

A veces perdonar.

A veces no perdonar todavía.

A veces reconocer nuestra responsabilidad.

A veces reconocer que algo no fue nuestra responsabilidad.

A veces aprender.

A veces simplemente continuar viviendo.

La NOOSÍNTESIS no obliga al significado.

Lo construye.

Y algunas veces ese significado tarda años en aparecer.

 

 

VII. LO QUE HACEMOS CON NUESTRA HISTORIA

 

Con el tiempo he llegado a pensar que la vida humana puede contemplarse como una conversación permanente entre lo que nos ocurre y lo que hacemos con ello.

La experiencia nos habla.

Nosotros respondemos.

Después la experiencia vuelve a hablarnos.

Y volvemos a responder.

Nunca terminamos completamente de construirnos.

Cada etapa de nuestra vida modifica la perspectiva desde la cual observamos las anteriores.

El niño que fui observa el mundo de una manera.

El adolescente que fui lo observa de otra.

El adulto que soy lo observa de otra.

Y quizá el hombre que seré dentro de diez o veinte años observará algunas de mis certezas actuales con una mezcla de ternura, sorpresa y comprensión.

Eso también es NOOSÍNTESIS.

Porque no solamente integramos experiencias.

Integramos versiones de nosotros mismos.

Integramos al niño.

Al adolescente.

Al adulto.

Al que se equivocó.

Al que tuvo miedo.

Al que amó.

Al que perdió.

Al que consiguió algo.

Al que fracasó.

Al que volvió a levantarse.

Y poco a poco vamos construyendo una identidad suficientemente amplia para contener todas esas versiones.

 

 

VIII. MI PROPIA NOOSÍNTESIS 

 

Si esta palabra aspira algún día a convertirse en una aportación para otros, primero debe comenzar por mí.

No puedo hablar de integración humana sin reconocer que también soy el resultado de mi propia historia.

He tenido experiencias que me han enseñado.

He cometido errores.

He cambiado de opinión.

He conocido personas que dejaron huella.

He vivido momentos que me hicieron preguntas.

He tenido respuestas que posteriormente tuve que revisar.

He aprendido que algunas certezas solamente son provisionales.

He comprendido que crecer no significa acumular respuestas, sino aprender a formular mejores preguntas.

Y quizá ésa sea una de las razones por las que esta palabra me resulta tan significativa.

Porque NOOSÍNTESIS no representa un estado terminado.

Representa un proceso.

No soy una persona completamente terminada.

Nadie lo es.

Soy también aquello que todavía estoy integrando.

Aquello que todavía estoy comprendiendo.

Aquello que todavía estoy aprendiendo.

Aquello que todavía estoy intentando transformar.

Y quizá una de las formas más honestas de definir al ser humano sea reconocerlo como un ser en permanente proceso de integración.

 

 

IX. LA PALABRA COMO SEMILLA

 

No sé hasta dónde llegará esta palabra.

No sé si algún día aparecerá en libros de psicología.

No sé si será utilizada por investigadores.

No sé si algún día alguien estudiará sus posibilidades desde la neurociencia.

No sé si aparecerá en artículos académicos.

No sé si llegará a formar parte de una conversación cotidiana.

Y tampoco sé si algún día será considerada por los lexicógrafos.

No puedo saberlo.

Pero sí puedo hacer algo:

puedo comenzar a utilizarla con responsabilidad.

Puedo definirla.

Puedo discutirla.

Puedo someterla a crítica.

Puedo compararla con conceptos existentes.

Puedo buscar sus límites.

Puedo reconocer sus debilidades.

Puedo investigar sus posibilidades.

Puedo permitir que otros la cuestionen.

Porque si quiero que una palabra tenga futuro, no puedo protegerla de la crítica.

Tengo que exponerla a ella.

Una palabra nueva no se fortalece porque nadie la contradiga.

Se fortalece cuando sobrevive al análisis.

Por eso este arículo no pretende ser la última palabra sobre la NOOSÍNTESIS.

Pretende ser la primera.

 

 

X. MI APORTACIÓN AL MUNDO

 

Cuando pienso en la posibilidad de aportar algo al mundo, no pienso necesariamente en crear algo gigantesco.

Pienso en dejar una herramienta.

Una palabra.

Una pregunta.

Una manera distinta de mirar.

Si alguien, dentro de muchos años, pudiera leer este arículo y decir:

"Ahora entiendo mejor lo que me sucede cuando intento integrar una experiencia difícil",

entonces la palabra habrá cumplido una función.

Si un psicólogo pudiera utilizarla para explicar un proceso terapéutico.

Si un investigador pudiera convertirla en una hipótesis.

Si un estudiante pudiera utilizarla para comprender la relación entre memoria, emoción y significado.

Si una persona pudiera decir:

"Necesito tiempo para noosintetizar lo que estoy viviendo",

y esa frase le ayudara a comprender que no tiene que resolver toda su vida en un solo día,

entonces habrá valido la pena escribirla.

Porque quizá una aportación intelectual no siempre comienza con una teoría monumental.

A veces comienza con una palabra que nos permite pensar algo que antes solamente podíamos sentir.

 

 

XI. EL FUTURO DE LA PALABRA

 

Imagino el futuro y veo una palabra caminando.

No sé hacia dónde.

Camina entre conversaciones.

Entre libros.

Entre aulas.

Entre consultorios.

Entre investigaciones.

Entre personas.

Puede encontrar aceptación.

Puede encontrar rechazo.

Puede transformarse.

Puede hacerse más precisa.

Puede desaparecer.

Puede sobrevivir.

Eso no depende únicamente de quien la propone.

Depende del uso.

De la comunidad.

De la investigación.

Del lenguaje.

De la necesidad humana.

Las palabras sobreviven cuando encuentran algo que decir.

Y yo creo que NOOSÍNTESIS tiene una pregunta que merece ser escuchada:

¿Cómo integramos aquello que vivimos para convertirlo en aquello que somos y, eventualmente, en aquello que decidimos llegar a ser?

Ésa es la pregunta.

La palabra solamente nos ayuda a formularla.

 

 

XII. UNA ÚLTIMA MIRADA

 

Hoy, mientras escribo estas páginas, comprendo que quizá la verdadera importancia de la NOOSÍNTESIS no esté en la palabra.

Está en aquello que la palabra nos obliga a mirar.

Nos obliga a mirar nuestra memoria.

Nuestra historia.

Nuestros pensamientos.

Nuestras emociones.

Nuestros aprendizajes.

Nuestros errores.

Nuestros vínculos.

Nuestros valores.

Nuestros propósitos.

Nuestro cerebro.

Nuestra conciencia.

Y también nuestra capacidad de cambiar.

Porque si somos capaces de integrar nuestras experiencias de una manera diferente, quizá podamos comenzar a relacionarnos de una manera diferente con nuestro presente.

Y si cambia nuestra relación con el presente, cambia aquello que hacemos.

Y si cambia aquello que hacemos, cambia nuestro futuro.

Quizá por eso la pregunta más importante no sea:

"¿Qué me ocurrió?"

Sino:

"¿Qué estoy haciendo con aquello que me ocurrió?"

Y quizá todavía exista una pregunta más profunda:

"¿En quién me estoy convirtiendo mientras intento comprenderlo?"

Cuando llego a ese punto, la palabra deja de parecerme solamente una palabra.

Se convierte en un camino.

Un camino hacia dentro.

Un camino hacia el cerebro.

Un camino hacia la memoria.

Un camino hacia la emoción.

Un camino hacia el significado.

Un camino hacia la conciencia.

Y finalmente, un camino hacia la posibilidad de elegir.

Porque tal vez eso sea lo extraordinario de ser humano:

no siempre podemos elegir la historia que comienza.

Pero, mientras seguimos vivos, podemos participar en la manera en que esa historia continúa.

Y mientras podamos participar en ella, todavía existe la posibilidad de transformarla.

Ése es el lugar desde donde escribo.

Ése es el lugar desde donde propongo esta palabra.

Ése es el lugar desde donde comienzo este artículo.

NOOSÍNTESIS.

Una palabra que todavía está naciendo.

Una palabra que todavía tendrá que demostrar su utilidad.

Una palabra que todavía tendrá que enfrentarse a la crítica, a la investigación y al tiempo.

Pero también una palabra que nace de una convicción profundamente humana:

que comprender lo que vivimos puede cambiar la manera en que seguimos viviendo.

Y si alguna vez alguien pregunta dónde comenzó todo, mi respuesta será sencilla:

Comenzó con una pregunta.

Comenzó con la necesidad de nombrar.

Comenzó con la observación de seres humanos intentando comprender sus propias historias.

Comenzó con el deseo de tender un puente entre psicología, cerebro, experiencia y significado.

Comenzó con una palabra.

Y esa palabra fue:

 

NOOSÍNTESIS

 

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