Mi vocación está en tener la capacidad de escuchar y entender el sufrimiento humano. Escuchar a mis pacientes para poder tolerar, comprender y acompañar las ansiedades, los conflictos que los aquejan. Ofrecer un espacio seguro donde el malestar pueda ser pensado, elaborado y transformado en nuevas formas de ver y de afrontar la vida.
Me apasiona escuchar más allá de las palabras, lo que se dice entre líneas. Ayudar al paciente a pensar-se a escuchar-se.
Creo que la palabra tiene un gran poder de sanar y transformar cuando hay alguien que la escuche con todos los sentidos (con el cuerpo y con el alma) en un contexto de respeto y ética profesional.