A lo largo de mi camino profesional he transitado por espacios educativos, familiares, institucionales y clínicos, construyendo una práctica basada en la escucha, el cuidado y la atención consciente a cada etapa del desarrollo humano.
Desde el juego, apoyo escolar con niñas y niños pequeños hasta el acompañamiento terapéutico de personas adultas y parejas, cada experiencia ha fortalecido mi vocación por crear espacios seguros, éticos y empáticos.
Mi crecimiento ha sido constante, tanto en habilidades clínicas, educativas y emocionales, como en el trato humano, y hoy me defino como una psicóloga con mirada integral, capaz de sostener el caos con sensibilidad, y acompañar los procesos con firmeza y respeto.