Como persona, mamá y como especialista, me caracterizo por ser empática, observadora y profundamente comprometida con el bienestar emocional de los niños y sus familias. Creo firmemente que los niños no “se portan mal”, sino que se comunican a través de su conducta, y mi trabajo parte de escuchar y comprender lo que esa conducta intenta expresar.
En mi práctica profesional me distingo por ofrecer un acompañamiento cálido, respetuoso y estructurado, donde cada intervención tiene un sentido clínico claro, pero siempre adaptado a la historia, el contexto y las necesidades particulares de cada niño y su familia. Valoro la creación de un vínculo seguro como base del proceso terapéutico, ya que considero que sin seguridad emocional no hay verdadero cambio.
Mi enfoque es integrador, con una base cognitivo-conductual, complementada por una mirada sistémica y vincular, así como principios de crianza respetuosa y Disciplina Positiva. Esto me permite trabajar no solo con el niño, sino también con los adultos que lo rodean, entendiendo que el desarrollo emocional ocurre dentro de un sistema familiar y social.
Trabajo desde la psicoeducación, el juego terapéutico, el fortalecimiento de habilidades socioemocionales y la orientación a padres, ayudándolos a comprender el origen de las conductas, regular emociones y construir estrategias claras y consistentes en casa y en otros contextos como la escuela.
Como profesional, me considero ética, responsable y en constante actualización, con especial interés en la primera infancia, el neurodesarrollo y la intervención temprana. Busco que cada familia se sienta acompañada, comprendida y con herramientas reales que puedan sostener en el tiempo, más allá del espacio terapéutico.
Mi objetivo no es solo reducir síntomas, sino favorecer el desarrollo de niños emocionalmente seguros y familias más conscientes, promoviendo cambios duraderos y relaciones más sanas.