No todas las personas empiezan el año con alegría. -Y eso está bien-

Autor: Maribel Zarco , 15/01/2026 (19 vista)
Emociones y sentimientos, Separaciones y pérdidas
No todas las personas empiezan el año con alegría. -Y eso está bien-

En los días finales del año anterior y los primeros del 2026, me he encontrado con diferentes historias que hacen que las personas no estén iniciando el año con esperanza. Te comparto algunas reflexiones al respecto.

El inicio de un nuevo año suele venir acompañado de mensajes de entusiasmo, esperanza y renovación. En conversaciones cotidianas, redes sociales y espacios laborales aparece con fuerza la idea de “empezar bien”, de fijar metas, de sentirse motivadas y agradecidas por lo que viene. Para algunas personas, este discurso coincide con su experiencia interna: sienten energía, ilusión o ganas genuinas de comenzar una nueva etapa. Sin embargo, para muchas otras, el cambio de calendario llega en medio de cansancio, dolor, incertidumbre o duelo. Y esa vivencia también es válida.

No todas las personas llegan a enero desde el mismo lugar. Hay quienes están atravesando pérdidas recientes, separaciones, enfermedades propias o de personas cercanas, dificultades económicas, conflictos familiares o un profundo agotamiento emocional acumulado. En esos casos, la invitación constante a “empezar con todo” puede sentirse distante, ajena o incluso violenta. No porque falte gratitud o voluntad, sino porque el cuerpo y la mente están ocupados sosteniendo algo que duele o que todavía no encuentra acomodo.

Nuestro cerebro y nuestro sistema emocional no funcionan a partir de fechas simbólicas, sino de procesos. El inicio de un año no borra automáticamente lo vivido ni reinicia la experiencia interna. Cuando una persona está atravesando una situación compleja, su sistema suele priorizar la supervivencia, la protección o el descanso. En ese contexto, pedir entusiasmo inmediato no solo es poco realista, sino profundamente injusto. El cuerpo no entiende de propósitos cuando está intentando sostenerse.

A esto se suma una presión social —a veces sutil, a veces explícita— por “estar bien” al inicio del año. Esta presión puede generar culpa en quienes no logran sentirse felices, motivadas o esperanzadas. Aparecen pensamientos como “algo está mal conmigo”, “debería sentirme diferente” o “no estoy aprovechando la oportunidad de empezar de nuevo”. Sin embargo, no poder conectar con la alegría en este momento no es un defecto personal; suele ser una respuesta coherente a la historia que se está viviendo.

Cada persona tiene su propio ritmo, aunque pocas veces se nos permita escucharlo. Hay procesos que requieren pausa, otros necesitan tiempo para elaborarse y algunos simplemente no están listos para convertirse en metas o aprendizajes. Forzarse a “estar bien” antes de tiempo no acelera el proceso; muchas veces lo interrumpe o lo vuelve más doloroso. Respetar el propio ritmo no es rendirse, es una forma profunda de autocuidado y honestidad emocional.

Iniciar no siempre significa arrancar con energía. A veces iniciar es algo mucho más pequeño y silencioso: levantarse de la cama, cumplir con lo mínimo, pedir ayuda o permitirse no tener claridad. Otras veces, iniciar ocurre meses después, cuando algo interno se acomoda y abre espacio para pensar distinto. El derecho a iniciar cuando sea un buen momento también es el derecho a no hacerlo cuando aún no lo es.

En el trabajo terapéutico he visto cómo muchas personas llegan sintiéndose fuera de lugar porque no encajan con la narrativa del “nuevo año, nueva vida”. Se comparan, se juzgan y se exigen sentir algo que no está disponible. Cuando encuentran un espacio donde su experiencia es validada, donde no se les empuja a mirar el futuro si todavía necesitan sostener el presente, algo comienza a aflojarse. Nombrar el cansancio, el duelo o la confusión suele ser el primer movimiento genuino de cambio, aunque no se parezca al que socialmente se celebra.

Tal vez este inicio de año no se siente como un comienzo. Tal vez se parece más a un cierre, a una pausa o a un tiempo de resistencia. Eso no te deja fuera de nada. Escuchar lo que realmente necesitas —y no lo que se espera que sientas— puede ser una forma mucho más respetuosa de acompañarte.

No todas las personas empiezan el año con alegría. Algunas empiezan con cuidado, con silencio, con preguntas o simplemente sobreviviendo. Todas esas formas también cuentan. Y todas merecen respeto.

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