Sobrellevar relaciones sanas y autoimagen positiva
Consideramos que los apegos se han ido visualizando de manera acumulativa en las redes sociales. Hoy en día, basta con recorrer algunos minutos una plataforma digital para encontrarnos con frases como: “Tienes apego evitativo, por eso actúas así”, “Si haces esto, tienes apego ansioso”. Este tipo de contenido, aunque puede ser informativo, muchas veces se presenta de forma simplificada y categórica. El problema no es la información en sí, sino cómo la consumimos. En medio de esta avalancha de etiquetas, se nos ha ido perdiendo algo fundamental: el autoanálisis consciente y profundo.
Entonces surge una pregunta clave:
¿De verdad tengo apego evitativo o simplemente me estoy proyectando en información que se parece a mis experiencias, heridas o relaciones pasadas?
Identificarse no siempre significa comprenderse. A veces, solo estamos encontrando palabras que le ponen nombre a un dolor que aún no hemos elaborado.
Vivimos en una época donde el autodiagnóstico se ha vuelto cotidiano y hasta atractivo. Las etiquetas ofrecen una sensación momentánea de alivio: “ah, por eso soy así”. Sin embargo, el verdadero crecimiento personal no ocurre cuando nos quedamos en la etiqueta, sino cuando nos atrevemos a mirar lo que hay detrás de ella. Conocerse no es encasillarse, es revisarse con honestidad emocional.
Por eso, antes de preguntarnos qué tipo de apego tenemos, es importante volver a lo básico, a lo humano, a lo interno. Preguntarnos con valentía:
¿Cómo me veo a mí mismo?
¿Qué siento por mí?
¿Me considero bonito/a o valioso/a más allá de la validación externa?
¿Reconozco mi inteligencia emocional, mis capacidades y mis límites?
¿Me siento suficiente?
¿Quién soy cuando no estoy intentando agradar, huir o defenderme?
Si estás leyendo este texto, te invito —como psicólogo— a que intentes responder estas preguntas sin prisa, sin compararte y sin juzgarte. Tal vez descubras que sabes mucho sobre teorías psicológicas, pero poco sobre tu mundo interno. Y eso no es un error, es una oportunidad. El autoconocimiento no se trata de saberlo todo, sino de atreverse a mirar.
Recordemos algo esencial: somos como plantas. Para crecer necesitamos cuidado, constancia y afecto. Si nadie nos riega ni nos da agua, es difícil florecer. Pero llega un punto en la vida donde debemos preguntarnos: ¿me estoy regando a mí mismo?, ¿me hablo con respeto?, ¿me escucho?, ¿me acompaño cuando me equivoco? La autoempatía, el autocuidado y la autovalidación también son formas profundas de salud mental.
Pero, ¿qué es el apego?
El apego es un vínculo emocional profundo y duradero que se desarrolla entre dos personas, generalmente entre un niño y su cuidador principal. Este vínculo se construye a partir de interacciones tempranas y repetidas, donde el cuidador responde —o no— a las necesidades emocionales del niño. A partir de estas experiencias, la persona forma un modelo interno sobre sí misma, los demás y las relaciones. Dicho modelo influye en cómo amamos, cómo confiamos, cómo pedimos ayuda y cómo enfrentamos el abandono o la cercanía en la adultez.
Apego seguro
Las personas con apego seguro se sienten cómodas con la intimidad y también con la autonomía. Pueden expresar emociones, pedir apoyo y establecer límites sanos. Suelen haber tenido cuidadores disponibles, predecibles y afectuosos, lo que favoreció una autoestima estable y relaciones interpersonales equilibradas.
Apego ansioso o ambivalente
Se caracteriza por una fuerte necesidad de cercanía, miedo al abandono y búsqueda constante de validación. Aunque reciben afecto, muchas veces no logran sentirse emocionalmente satisfechas. En su historia temprana existieron cuidadores inconsistentes, lo que generó inseguridad y ansiedad relacional.
Apego evitativo
Las personas con apego evitativo tienden a minimizar sus emociones y a evitar la intimidad profunda. Pueden mostrarse independientes, distantes o incómodas ante el compromiso. Generalmente crecieron con cuidadores fríos, críticos o emocionalmente indisponibles.
Apego desorganizado
Este tipo de apego combina conductas ansiosas y evitativas. Existe una profunda confusión emocional y dificultad para regular los afectos. Suele estar vinculado a experiencias tempranas traumáticas o de abuso, donde la figura de cuidado fue también fuente de miedo.