En una relación de pareja es natural querer compartir tiempo, preocuparnos por la otra persona y sentirnos afectados cuando atraviesa un momento difícil.
El problema aparece cuando poco a poco empezamos a sentir que nuestro bienestar depende de cómo está la relación o de cómo se encuentra nuestra pareja.
Entonces podemos comenzar a pensar:
“Si está bien conmigo, yo estoy bien.”
“Necesito saber qué está haciendo para poder estar tranquilo/a.”
“Si se aleja, siento que no puedo con esto.”
“Prefiero hacer lo que quiere para evitar una discusión.”
Cuando estas dinámicas se vuelven frecuentes, puede ser útil preguntarnos si estamos construyendo una relación desde el amor y la elección o desde el miedo y la necesidad.
¿Qué es la codependencia emocional?
La codependencia emocional puede entenderse como un patrón relacional en el que la persona comienza a poner gran parte de su bienestar, seguridad o autoestima en la relación con otra persona.
No significa querer demasiado.
Tampoco significa que necesitar apoyo de nuestra pareja sea algo negativo.
En una relación saludable también necesitamos a los demás.
La diferencia está en que podemos querer y necesitar a nuestra pareja sin dejar de tener una identidad, necesidades, límites y espacios propios.
Cuando existe una dinámica de dependencia, la relación puede empezar a ocupar un espacio tan grande que otras áreas de nuestra vida quedan en segundo plano.
Cuando el bienestar depende del otro:
Una de las señales que podemos observar es cuánto cambia nuestro estado emocional dependiendo de lo que haga nuestra pareja.
Un mensaje que tarda en llegar puede generar ansiedad.
Una respuesta diferente a la esperada puede hacernos pensar que algo está mal.
Una discusión puede sentirse como una amenaza para toda la relación.
Y cuando sentimos distancia, podemos intentar recuperar rápidamente la conexión: escribir varias veces, buscar explicaciones, ceder en aquello que necesitamos o hacer todo lo posible para que la otra persona no se aleje.
El problema es que, al intentar recuperar constantemente la seguridad, podemos terminar olvidándonos de nosotros mismos.
“Si lo amo, tengo que ayudarlo”
Otra característica frecuente es sentirnos responsables por el bienestar emocional de nuestra pareja.
Queremos solucionar sus problemas, evitar que se sienta mal o rescatarla de situaciones difíciles.
Acompañar a alguien es diferente a sentir que tenemos que salvarlo.
Nuestra pareja puede estar triste sin que sea nuestra responsabilidad quitarle esa tristeza.
Puede estar frustrada sin que tengamos que resolver inmediatamente lo que siente.
Y puede atravesar dificultades sin que nosotros tengamos que asumirlas como propias.
Amar también implica reconocer que cada persona es responsable de su propio proceso.
El miedo a perder la relación
En algunos casos, detrás de la dependencia emocional existe un miedo muy fuerte a perder el vínculo.
Esto puede hacer que la persona tolere situaciones que le generan malestar, deje de expresar sus necesidades o renuncie a aspectos importantes de su vida para mantener la relación.
Puede aparecer un pensamiento como:
“Mientras estemos juntos, no importa lo que tenga que hacer.”
Pero una relación no debería sostenerse únicamente por miedo a perderla.
Cuando el temor a la separación se vuelve más fuerte que nuestra capacidad para reconocer lo que necesitamos, puede ser difícil tomar decisiones desde un lugar tranquilo.
¿Dónde quedo yo dentro de la relación?
Esta pregunta puede ser un buen punto de partida.
Porque estar en pareja no significa dejar de ser una persona independiente.
Podemos tener intereses propios, amistades, proyectos, momentos de soledad y espacios que no compartimos con nuestra pareja.
También podemos tener opiniones diferentes.
Podemos decir que no.
Podemos pedir algo que necesitamos.
Podemos estar en desacuerdo y seguir sintiendo cariño.
La autonomía no es lo contrario del amor.
De hecho, poder conservar nuestra individualidad puede ayudarnos a construir una relación en la que estamos juntos porque queremos estar, no porque sentimos que no podemos estar separados.
Aprender a estar con nosotros mismos
Cuando existe una fuerte dependencia emocional, la soledad puede sentirse especialmente difícil.
Estar solos puede despertar pensamientos como:
“¿Y si nunca encuentro a alguien más?”
“¿Y si nadie me quiere como él/ella?”
“No sé qué hacer con mi vida sin esta persona.”
Por eso, aprender a estar solos no significa aprender a no necesitar a nadie.
Significa descubrir que podemos acompañarnos, tomar decisiones, disfrutar y construir bienestar sin depender completamente de la presencia o aprobación de otra persona.
La soledad también puede convertirse en un espacio para reconectar con nosotros mismos.
Algunas preguntas para reflexionar
Si te identificas con algunas de estas situaciones, puedes preguntarte:
¿Cuánto de mi estado de ánimo depende de cómo está mi relación?
¿Me cuesta decir que no por miedo a que la otra persona se moleste o se aleje?
¿Siento que tengo que solucionar los problemas emocionales de mi pareja?
¿He dejado de lado amistades, actividades o proyectos por mi relación?
¿Me cuesta imaginar mi vida sin mi pareja?
¿Puedo expresar mis necesidades sin sentir que estoy poniendo en riesgo la relación?
¿Estoy eligiendo esta relación o siento que necesito esta relación para estar bien?
Estas preguntas no buscan determinar si una relación es “buena” o “mala”.
Buscan ayudarnos a observar cómo estamos viviendo el vínculo.
Amar sin dejar de ser nosotros
Construir una relación saludable no significa necesitar menos a las personas.
Significa poder relacionarnos desde un lugar en el que exista cercanía, pero también autonomía; compromiso, pero también libertad; apoyo, pero también responsabilidad individual.
Podemos amar profundamente a alguien y seguir siendo nosotros mismos.
Podemos acompañar sin rescatar.
Podemos cuidar sin olvidarnos de nuestras propias necesidades.
Y podemos elegir estar en una relación sin sentir que nuestra vida pierde sentido si algún día esa relación termina.
A veces, trabajar la dependencia emocional no consiste en aprender a querer menos.
Consiste en aprender a querernos también a nosotros mismos dentro de la relación.