Los recuerdos intrusivos, las dificultades para dormir, el agotamiento emocional y la sensación de que ya no tienes fuerzas no son señales de debilidad, sino manifestaciones del enorme sufrimiento que has atravesado. También es importante reconocer la claridad con la que expresas que no deseas atentar contra tu vida y cómo el vínculo con tus hijos representa para ti un sostén muy significativo.
Lo que estás viviendo merece ser escuchado y acompañado por un profesional de la salud mental. No tienes que continuar enfrentando todo esto en soledad ni exigirte seguir sosteniéndolo únicamente con tus propios recursos.
Si en algún momento sientes que los pensamientos se intensifican o que el malestar se vuelve difícil de manejar, busca apoyo profesional o una red de ayuda cercana. Pedir ayuda, como lo estás haciendo aquí, ya es un paso importante.
Y si necesitas un espacio de escucha u orientación profesional, aquí hay personas dispuestas a acompañarte.