El lugar del psicoanálisis frente a las problemáticas del mundo actual

Autor: Gabriel Amaya , 16/01/2026 (34 vista)
Relaciones, Emociones y sentimientos, Sentido de la vida, Relaciones padres-hijos, Desarrollo personal, Crisis de la edad, Relaciones familiares
El lugar del psicoanálisis frente a las problemáticas del mundo actual

Una reflexión desde el psicoanálisis sobre los malestares contemporáneos y el lugar del sujeto frente a los discursos de individualismo, nihilismo y las transformaciones del mundo actual.

Durante los últimos años se han vuelto cada vez más visibles una serie de transformaciones sociales que suelen agruparse bajo el nombre de posmodernidad. Estos cambios atraviesan de manera directa la vida cotidiana: se modifican las formas de la familia, los vínculos amorosos, las relaciones laborales y los modos de encuentro con los otros. Las referencias que durante mucho tiempo organizaron la experiencia social hoy aparecen debilitadas, inestables o puestas en cuestión. Estas transformaciones no son ajenas al campo de la salud mental, sino que inciden de manera directa en las formas en que las personas viven el malestar, el sufrimiento psíquico y las dificultades en su vida cotidiana.

En este contexto, los avances científicos y tecnológicos suelen presentarse como promesas de mayor libertad, autonomía y bienestar. La posibilidad de elegir, de decidir por uno mismo y de construir un camino propio aparece como un ideal ampliamente valorado. Sin embargo, junto con estas promesas, se extienden discursos que refuerzan el individualismo y el nihilismo. El individualismo propone al sujeto como autosuficiente, responsable exclusivo de su éxito o de su fracaso, mientras que el nihilismo se expresa como una pérdida de sentido, una caída de los valores y de las referencias simbólicas que antes organizaban la vida colectiva.

La combinación de estos discursos produce un efecto particular: por un lado, se impulsa la idea de una autonomía ilimitada, de una satisfacción inmediata y de una autosuficiencia que no admite la dependencia ni la falta; por otro, se debilitan los lazos sociales y las herramientas simbólicas necesarias para tramitar el conflicto, la frustración, la pérdida o el sufrimiento. En lugar de pensarse como parte de una trama social e histórica, muchas personas viven sus dificultades como fallas estrictamente personales, como si todo dependiera únicamente de su voluntad o de su capacidad de adaptación.

Desde la experiencia clínica se observa que este ideal de autosuficiencia suele ir acompañado de un aumento del malestar: ansiedad persistente, angustia, sensación de vacío, aislamiento, dificultades para sostener vínculos duraderos o un profundo malestar en relación con el trabajo y la vida cotidiana. Estas manifestaciones suelen aparecer acompañadas por la exigencia de encontrar soluciones rápidas y eficaces. En este escenario, proliferan propuestas que prometen bienestar inmediato, felicidad permanente o adaptación veloz a las demandas de la época. Si bien estas ofertas pueden brindar alivios momentáneos, muchas veces refuerzan la lógica individualista, dejando de lado la historia singular de cada sujeto y las condiciones sociales y vinculares en las que se constituye.

Para el psicoanálisis, estas transformaciones plantean un desafío tanto clínico como ético. No se trata de eliminar el malestar ni de ofrecer recetas universales, sino de escuchar lo que ese sufrimiento viene a decir. El malestar no es pensado como un error ni como un déficit a corregir, sino como una experiencia que merece ser alojada y trabajada, en tanto expresa la relación singular de cada sujeto con los discursos de su tiempo.

El dispositivo analítico propone un espacio en el que cada persona pueda poner en palabras su historia, interrogar su modo de vincularse con los otros y con las exigencias de la época, y elaborar aquello de su sufrimiento que no encuentra respuesta en las promesas de autosuficiencia y felicidad permanente. Lejos de una cura exprés, el trabajo analítico se orienta a abrir un tiempo y un espacio de escucha que permitan construir nuevas posiciones subjetivas posibles.

Desde esta perspectiva, el psicoanálisis no apunta a adaptar al sujeto a ideales de éxito, normalidad o felicidad, sino a acompañarlo en un recorrido que implique hacerse responsable de su propia posición, sin desconocer la dimensión social, histórica y vincular que lo atraviesa. En un tiempo marcado por el individualismo y la pérdida de sentido, el psicoanálisis sostiene la apuesta por un espacio donde el sujeto no quede reducido a un individuo aislado, sino que pueda ser reconocido en la complejidad de su experiencia y de sus lazos.

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