El deseo de saber y el limite del lenguaje

Autor: Javiera Acurso , 13/01/2026 (20 vista)
Relaciones, Emociones y sentimientos
El deseo de saber y el limite del lenguaje

Una lectura lacaniana de El Aleph de Borges.

El deseo de saber y el límite del lenguaje.

Una lectura lacaniana de El Aleph de Borges.

Introducción

El cuento El Aleph (1949) es uno de los más emblemáticos de Jorge Luis Borges. Además de exhibir su conocida erudición, el relato condensa dos de sus grandes obsesiones: el infinito y los límites del conocimiento humano.

La historia narra la experiencia de un personaje llamado Borges que, tras la muerte de Beatriz Viterbo —a quien amó sin ser correspondido—, visita cada año la casa familiar para recordar a la mujer perdida. Allí conoce a su primo, Carlos Argentino Daneri, un poeta mediocre que presume de una obra interminable. Un día, Daneri le revela la existencia del Aleph en su sótano: un punto que contiene todos los puntos del universo. Desde él puede verse simultáneamente todo, sin confusión ni superposición.

Borges desciende al sótano y contempla el Aleph. Queda abrumado: ha visto “todos los lugares del mundo, vistos desde todos los ángulos”. Sin embargo, esa visión total no le otorga saber, sino desconcierto y angustia. El cuento condensa así la tensión entre el deseo de saberlo todo y la imposibilidad estructural de alcanzarlo.

Finalmente, Borges cuestiona tanto el valor del poema de Daneri como la existencia misma del Aleph, pero reconoce que nunca olvidará lo visto.

Desde una lectura lacaniana, y siguiendo los desarrollos de Oscar Masotta (1976) y Carlos Kuri (2006), puede pensarse que el Aleph podría representar la irrupción de lo Real: aquello que excede los límites del lenguaje, lo imposible de simbolizar y, por lo tanto, lo que confronta al sujeto con la falta que lo constituye.

Desarrollo teórico

Lacan sostiene que el inconsciente está estructurado como un lenguaje y que el sujeto se constituye a partir del significante. La cuestión del significante es central en Freud y Lacan: la relación entre palabra y referente nunca es unívoca, lo cual tiene consecuencias estructurales y, a veces, patógenas. La palabra puede separarse de su significado habitual y producir efectos de sentido, síntomas o equívocos (Masotta, 1976).

El lenguaje introduce así una radical equivocidad. La instancia de la letra —su materialidad— es para Lacan la piedra angular que sostiene la ley del lenguaje: es la fuente de infinitud de sentidos y, a la vez, el punto donde la palabra se vacía de significación. Allí se abre la brecha entre lo que se quiere decir y lo que efectivamente se dice.

El ser hablante recibe la ley del Otro, en primer lugar a través de la demanda materna. Esa demanda porta un enigma: ¿qué quiere el Otro de mí? La significación nunca es plena; por eso el sujeto intenta obturar la incertidumbre y adjudica al Otro, por un acto de fe, la verdad de su deseo (Rabinovich). Sin embargo, la letra introduce un límite a ese poder de la demanda.

Pensar al sujeto como efecto del significante implica que no se trata de un yo unificado, sino de un sujeto dividido. Esa división funda la falta, condición del deseo. El sujeto desea aquello que no puede poseer del todo; desea justamente lo que le falta. De allí que el deseo esté siempre sostenido en una pérdida estructural.

Kuri (2006) retoma la tríada lacaniana —lo simbólico, lo imaginario y lo real— y subraya que “lo real no se deja representar; es aquello que retorna siempre al mismo lugar, lo imposible de simbolizar” . El Aleph puede leerse como esa irrupción: un punto donde el lenguaje se quiebra frente a lo imposible, exponiendo al sujeto al límite de su saber.

Lo real no es vacío, sino exceso. “Lo real es algo tan lleno como un ganso después de haberse comido todas las bellotas”. Desborda toda posibilidad de inscripción simbólica. La falta surge justamente en ese cruce entre lo que hay y lo que debería haber. Para que exista la falta debe haber espera, un tiempo abierto, algo por cumplirse, conjeturas. O mejor dicho: exigencias. La falta surge en la encrucijada del nivel del hecho. Es a partir del “debe de haber” que algo puede faltar. (Masotta, 1976).

Freud muestra que la sexualidad infantil se estructura alrededor de una falta: el falo como significante de la ausencia y la castración como inscripción del corte en lo real. El sujeto, frente a esta hiancia, “no quiere saber nada” —dirá Freud— de aquello que el falo introduce: la existencia de agujeros, fisuras y límites en el saber posible. Desde esta perspectiva, el deseo de saber surge como respuesta a la pérdida estructural, y a la vez como defensa frente a ella (Masotta, 1976).

En esta línea, puede pensarse que la experiencia del Aleph condensa una aparición de lo Real en el sentido lacaniano: aquello que desborda todo intento de nombrar y que no puede ser reducido al campo del significante. Lo Real no es la falta sino el exceso, lo que irrumpe sin ley simbólica y deja al sujeto confrontado con un punto de imposibilidad. En el cuento, esta irrupción se manifiesta como una saturación absoluta de imágenes que paraliza al personaje Borges y expone el fracaso mismo del lenguaje.

 

Análisis del cuento desde la perspectiva lacaniana

En El Aleph, Borges sitúa al personaje Borges frente a una experiencia de totalidad que desborda por completo las posibilidades del lenguaje. Ante la visión del Aleph, su discurso cae en una enumeración inabarcable: “Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América…”. Cuanto más intenta nombrar, más se le escurre el sentido. La saturación de imágenes expone la impotencia del lenguaje frente a lo ilimitado y señala la imposibilidad estructural de decirlo todo.

Desde una lectura lacaniana, el Aleph no funciona como un objeto que pueda poseerse, sino como un punto de irrupción de lo Real. No se trata aquí del objeto a, sino de aquello que excede radicalmente al campo del significante. La experiencia del narrador lo confronta con la falta que sostiene su deseo: el Aleph se presenta como la ilusión de una completud absoluta, pero su visión revela justamente la imposibilidad de alcanzarla. Como afirma Masotta (1976), “el deseo es la forma en que el sujeto se sostiene en la falta”. La escena borgeana muestra con claridad esta paradoja: cuanto más pretende apropiarse de esa visión total, más claramente queda expuesto el vacío estructural que lo habita.

Borges tensiona así la función del lenguaje. Si para Lacan el significante es lo que organiza el mundo del sujeto, también es cierto —como señala Kuri (2006)— que cada operación simbólica deja un resto imposible de articular. El Aleph encarna precisamente ese resto: el punto donde el saber se desborda y lo Real irrumpe como aquello que no puede ser dicho.

El lenguaje, instrumento habitual de orden y conocimiento en Borges, se vuelve insuficiente. Como explica Kuri (2006), el significante organiza el mundo del sujeto pero siempre deja un resto imposible de integrar. El Aleph encarna ese resto: el punto donde el saber se desborda y lo Real irrumpe.

Conclusión

El Aleph puede leerse como una alegoría del conocimiento absoluto y sus límites. Representa la utopía de acceder a la totalidad en un solo punto y, al mismo tiempo, la imposibilidad radical de que dicha totalidad pueda ser significada. Incluso frente a una experiencia de visión total, el lenguaje y la mente humana se revelan insuficientes.

Desde una lectura lacaniana, el Aleph aparece como el lugar de lo Real: lo imposible de simbolizar, aquello que marca el límite del saber y, sin embargo, sostiene el deseo. La visión no produce completud sino desconcierto; no clausura el sentido, sino que abre la hiancia del no-saber.

En este cruce entre literatura y psicoanálisis, Borges y Lacan convergen en una misma afirmación: el sujeto está estructurado por la falta y condenado a perseguir aquello que no puede nombrar del todo. El deseo de saber, lejos de agotarse, se sostiene justamente en ese límite que lo constituye.

Bibliografía

  • Borges, J. L. (1949). El Aleph. En Obras completas (Vol. I, pp. 615–628). Buenos Aires: Emecé.
  • Kuri, M. (2006). Introducción al psicoanálisis. Freud y Lacan. Buenos Aires: Letra Viva.
  • Masotta, O. (1976). Lecciones de Introducción al psicoanálisis. Buenos Aires: Gedisa Editorial
  • https://www.culturagenial.com/es/cuento-el-aleph-de-jorge-luis-borges/
  • Rabinobich, N. La instancia de la letra es el fundamento de la ley

 

 

 

 

 

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